¿Por qué será que el ser
humano vive tan empecinado en hacer brotar como semilla que nace de la tierra
de nuevo sus pecados? ¿Por qué en algunas ocasiones somos tan necios y nos
cuesta entender que el Maestro solo quiere librarnos de las tormentas?...
Pero bueno, como dice
una buena amiga, ¡Eso es lo que hay! Sin embargo, es preciso aclarar que el
hombre con su naturaleza caída se convirtió en un ser imperfecto, borrando con
su mano la creación impecable y con sentido para lo cual fue diseñado, no
obstante, el Dios de misericordia no se ha olvidado ni de ti ni de mí, ha
modificado sus planes para que ambos tengamos acceso a ese bello palacio, esas
encantadoras moradas que esperan al intachable, al siervo, al obrero de valor.
Aunque sus planes cambiaron un poco su diseño no dejó de conservar su esencia,
pues Él, el Todopoderoso tenía un as bajo la manga, su hijo Jesucristo,
dispuesto a llevar a cabo la obra maestra más fiel y dolorosa que cualquier
hombre estaría presto a ejecutar, pero, por eso está sentado a la diestra de
Dios, porque esta cruda misión no era para cualquiera, esta misión necesitaba
de un hombre comprometido, disciplinado, amado y temeroso; y esto es mi Cristo,
el sabio que murió para que tú y yo tuviésemos una nueva oportunidad en este
trajinado mundo. Resulta interesante como aun en lo podrido de esta tierra
pueden brotar buenos frutos, frutos dulces y refrescantes al alma y al corazón,
si deseamos satisfacernos con estos necesitamos estar dispuestos a pagar el
precio de obediencia y lealtad; nos mas de darle la espalda porque queramos o
no tendremos que rendir juicio en algún momento, así que mientras nos quede
tiempo enlistémonos en su batallón para enderezar nuestras sendas, encaminar
nuestros pasos y así librar esta guerra que tanto desea ponernos bajo su
custodia.
Él está esperando por
ti, y como siempre ha sido todo un caballero y ha dejado que seas tú quien tome
la decisión de seguirle.
Recuerda:
“Miqueas 7:19 Ten otra
vez compasión de nosotros y sepulta nuestras maldades. Arroja nuestros pecados
a las profundidades del mar”
Fernando Henao
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