Tomado del Libro:
“Activando el poder de la oración”, capítulo 1.
¿Por qué hay cristianos
que viven a medias, sin rumbo, ni propósito, con miles de sueños frustrados en
el sótano del olvido, sin poder alcanzarlos?
¿Por qué los líderes fracasan, terminan dejando tirados los cargos,
ministerios y llamado de Dios; resentidos con los que prometieron apoyarlos?
¿Por qué los pastores terminan sirviendo más por obligación que por pasión; cansados,
impotentes, ¿sumido en una depresión silenciosa con incesantes ideas de
abandonar su llamado? ¿Por qué los jóvenes acaban sucumbiendo ante la tentación
y al final siguen la vida como si nunca hubieran experimentado a Dios?
¿Por qué las madres
deambulan por un laberinto de sufrimiento a causa de su familia? ¿Por qué el
empresario pierde en un negocio, lo que le costó a él y su familia construir en
años de sacrificio y esfuerzo? ¿Por qué los sueños y las promesas siguen siendo
sólo eso, y el umbral de su realización se visualiza cada vez más lejos? ¿Por
qué asistiendo a la iglesia y sabiendo la palabra, hay cristianos que se
sienten huérfanos o en abandono, con soledad y una tristeza que no saben qué
hacer con ella, pero han aprendido a disimularla?
La respuesta a todas
estas preguntas es una: necesitamos activar el poder de la oración. La causa de
la caída del hombre sigue siendo la misma de hoy: descuida su comunicación con
El Padre.
Desconocer el poder de
la oración es desconocer al Creador. Quedarnos en conversaciones esporádicas y
superficiales nos dejará en la orilla del mar de su amor, sin descubrir lo que
significa nadar en Él. No alcanzaremos nuestro potencial al menos que
descubramos y activemos el poder de la oración.
De la misma forma que estemos distantes de la oración, nos alejaremos
del desarrollo de las capacidades con las que Dios nos creó.
La única forma de
conocer lo que significa ser más que vencedores en Cristo es a través de una
vida de oración, ella es el acceso a los tesoros del reino de los cielos. En la
medida que activemos el poder de la oración brillaremos con la luz de Cristo, en
cada rincón donde Dios nos lleve y sazonaremos cada alma que nos escuche.
O sino preguntémosle a
Israel, que no siempre se llamó así; cuyo significado es el que pelea con Dios,
antes de activar el poder de la oración, no estaba del lado de Dios, ni con Él.
Fue un prófugo a causa de usurpar a su hermano para robarle la bendición de su
padre Isaac. Hizo gala al significado de su nombre anterior, Jacob (usurpador,
ladrón), hasta que descubrió el camino, para convertirse en un aliado del
Padre. Pero antes de encontrarse con Dios en Bethel y luego en Peniel, vivió
desesperado por llegar a ser por su cuenta quien Dios había planeado que sería,
desde antes de su nacimiento.
Lo más probable es que
su madre alguna vez haya comentado sobre aquella profecía, durante su embarazo,
que le había anunciado que dos naciones tenían su vientre, pero el menor
tendría mayor liderazgo y éxito. Ambos obsesionados con la idea del
cumplimiento de aquella profecía, contemplaron todas las posibilidades para
“ayudar” de cualquier forma a su realización.
En medio de
contradicciones internas y sin una relación cercana al Creador, es envenenado
por el celo y la envidia; y con la ayuda de su madre encuentran un pasadizo
rápido y fácil, aparentemente; Jacob se disfrazó de su hermano.
Esta búsqueda lejos de
la oración separó aquella familia por largos años. El llanto de Esaú, sus
amenazas de muerte y persecución a Jacob, el dolor del padre engañado y la
equivocación de la madre. Todo un desastre. Finalmente, aquella madrugada en Bethel
entendió que lo único que necesitaba era la compañía y respaldo de Dios. Y
tiempo después, por su persistencia en Peniel, el ángel de Dios le cambió su
identidad.
Recordemos a Ester.
Aquella muchacha tímida, que supuestamente llegó por casualidad al palacio,
convirtiéndose en la reina del imperio de Media y Persia, quien, por la oración
y el ayuno, influenciada por su sabio tío Mardoqueo, pasó a ser una valiente
reina, defensora del pueblo de Dios, instrumento para preservar a los judíos,
de quienes años después nacería nuestro Salvador Jesucristo.
Esperamos ser para ti
como fue Mardoqueo para Ester, e impulsarte a que actives el poder de la
oración y descubras lo valiente y capaz que puedes llegar a ser en las manos
del Padre.
Y qué decir de la
impresionante vida de Jabes, que la Biblia describe en dos maravillosos
versículos. Un ejemplo de transformación total del destino de un individuo que
se conecta a su Creador (1 Cro. 4:9 y 10).
Y cómo olvidar al gran
conquistador Josué con unas de las oraciones más poderosas de la existencia
humana. Una oración violenta y determinada, una orden exacta al sol y la luna
que fue obedecida en el instante (Josué 10).
Si alguien ve a la ligera esta escena creerá que cualquiera puede abrir
su boca e ir dando órdenes a la naturaleza, a las situaciones o a las personas,
sólo porque sí. Pero si nos detenemos, se nos revelará que esta autoridad dada
por Dios a un hombre es producto de reconocer la autoridad de Dios en su vida,
demostrado en su obediencia y santidad, fruto de una vida de relación e
intimidad con Él.

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