Disfrutar de los regalos
es fenomenal, nos traen alegría, gozo abundante, paz y entrañable felicidad. La
vida está llena de maravillosos regalos que han sido dados de nuestro Padre a
sus hijos, y es en tiempo de cuarentena donde lo recordamos con más claridad,
aunque estos, no siempre nos traen alegría. Es contradictorio como sus hijos
hemos hallado significancia en lo trivial, es hermoso como la comunión
existente entre Dios y el hombre parece reverdecer como lo ha hecho el campo durante
estos meses, sin embargo, es momento oportuno para preguntarnos si realmente
hemos amado esos regalos; no sé qué respondas tú, yo por lo menos dejo claro
que las inmensas misericordias de Dios me han encontrado, me han fortalecido y
han levantado mi corazón una vez más para hallar el reflejo de sus palabras en
el azul del cielo, en el verde de la montaña, en el gris del cielo opaco, en la
sonrisa de mi madre, en la inocencia de mis chicos de Jardín del cielo, en la
esperanza de mis oraciones, en la disciplina de mi vida.
He podido observarle y
gozarme con sus regalos, tal como lo expresaba Pablo en sus carta a los Filipenses,
Pablo se gozaba en los recuerdos de sus amigos, es tanto así que estaba
dispuesto a dar su vida por el bienestar de ellos, no obstante, su amor por dar
a conocer el mayor regalo de todos que era el evangelio, lo llevaba a tomar
decisiones de acuerdo a la voluntad del Padre, pero algo diciente encontramos
en este hombre, estuvo dispuesto a recibir los buenos regalos que le daba su
Señor, no los despreció, más bien los uso a favor del pueblo para dar a conocer
la gracia del evangelio.
Ahora cuéntame,
¿disfrutas tú de los regalos de tu Señor?

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