"El joven Samuel servía al SEÑOR bajo la
supervisión de Elí. En esos tiempos, el SEÑOR rara vez daba mensaje y tampoco
eran frecuentes las visiones que él daba. Los ojos de Elí eran tan débiles que
casi estaba ciego. Una noche estaba descansando en cama mientras Samuel
descansaba en el santuario del SEÑOR donde estaba el cofre de Dios. La lámpara
de Dios todavía estaba encendida. El SEÑOR llamó a Samuel y él contestó: —Aquí
estoy. Y Samuel corrió hacia Elí y le dijo: —Aquí estoy, ¿para qué me llamó
usted? Pero Elí le contestó: —Yo no te llamé, vuelve a tu cama. Samuel se
regresó a su cama. De nuevo, el SEÑOR llamó: —¡Samuel! Y otra vez Samuel corrió
hacia Elí y le dijo: —Aquí estoy, ¿para qué me llamó usted? Elí le dijo: —Yo no
te llamé, vuelve a tu cama. Samuel todavía no conocía al SEÑOR, pues el SEÑOR
nunca le había hablado directamente. El SEÑOR llamó a Samuel por tercera vez y
de nuevo Samuel se levantó, fue hacia Elí y le dijo: —Aquí estoy, ¿para qué me
llamó usted? Entonces Elí comprendió que el SEÑOR estaba llamando al joven, y
le dijo a Samuel: —Vuelve a tu cama, y si te llama de nuevo, di: “Habla, SEÑOR,
tu siervo escucha”. Así que Samuel regresó a su cama. El SEÑOR vino, se detuvo
allí y llamó igual que antes diciendo: —¡Samuel, Samuel! Samuel dijo: —Habla,
SEÑOR, tu siervo escucha."
Hoy lo reconozco, infinitas veces Dios me ha hablado,
ya sea a través de su palabra, en una oración, en una alabanza, en distintas
situaciones; pero hoy es el momento de reconocerlo, no siempre le escuché,
escuche solo sus favores y complacencias hacia mí...
La vida te facilita el escuchar al maestro,
escucharlo atentamente te traerá grandes bendiciones, pero, no esperes para
escucharlo solo cuando las cosas van mal para ti, aprende a escucharlo en la
alegría, en la sonrisa de los tuyos, en las metas alcanzadas de tu familia,
aprende a escucharlo para que su amor no te cause problemas de audición.
Fernando Henao
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