"En el sensitivo
compartir de un sueño, allí en lo profundo de la esencia, donde parece
encontrar solo oscuridad y silencio, ¡sí! allí donde las palabras del poeta
llenan de color la más lúgubre noche.
Siempre será allí donde
los cielos con decisión ofrecen la compasión de su misericordia, misericordia
que enseña, duele y espera el resonar de vidas que entre las tinieblas quieren
ser luz, ¿Qué nos falta? Lo tenemos todo en nuestras manos, el paraíso siempre
ha querido que lo habitemos, su incansable anhelo para que seamos parte de él
no se detiene"
Es una cruda realidad la
que ofrece el paraíso, se presenta como la más delicada y hermosa rosa que con
su intensidad quiere cubrir el jardín más precioso, paraíso que no se
obstaculiza ni con la más intensa lluvia que cae sobre él y, en medio de su
santidad continúa siendo frágil a la tierna expresión del hombre, paraíso que
espera por ti, paraíso que no claudica... Sin embargo, el hombre, en su
incapacidad para sorprenderse con lo inefable, se limita a vivir momentos
efímeros, los cuales el viento desliza, llevando de un lado al otro sin tener
un puerto seguro; aun así, la cruda realidad del paraíso y la incapacidad del
hombre pueden detonar en el más claro cielo.

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