Lo más bonito es poder sentir que Jesús
en medio de su inefable grandeza nos ama y nos da nuevas oportunidades y en su
magnificencia nos envuelve como madre que protege a su hijo. Hablar de Jesús
puede ser loco, pero este es Él; su esencia inescrutable no cesa en brindarnos
su amor ¿Cómo es posible que nos pueda amar tanto?
¡Sí!, sin cláusula o
remedio alguno decidió darlo todo por nosotros, sufrió duro castigo sin
merecerlo, fue horadado, escupido, maltratado, insultado y quien sabe que más,
aun así, nunca maldijo. Que grandeza la de nuestro Señor, no escatimó
absolutamente nada, con fiel amor y determinación se entregó para ser muerto en
una cruz, clavado a dos maderos que no fueron más que soporte para cargar su
sangre, pero en medio de todo, la luz, su luz no dejó de brillar, en cruento
dolor desnudó sus palabras para hacer de ellas propósitos en la tierra y aunque
suene fuerte decir esto, fue su muerte la que nos salvó...
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