Síntomas de Decadencia Espiritual en el Cristiano

Título: Síntomas de Decadencia Espiritual en el Cristiano
Texto: 1 Corintios 13.5


Decadencia: Pérdida progresiva de la fuerza o la intensidad.

¿Estás en decadencia? El cristiano que está en decadencia no se encuentra vigoroso espiritualmente...
¿Qué está produciendo esta enfermedad que necesita ser atacada? Es necesario conocer qué está causando la enfermedad para atacarla. En la vida espiritual no basta con conocer que estamos en decadencia, es importante identificar quien o que está provocando este estado.

En Corintios 13.5 se nos manda a examinarnos a nosotros mismos, si no nos examinamos es muy fácil perder el rumbo, por ende nos terminamos apartando de Dios.
El examinarnos nos permite eliminar las causas de nuestra enfermedad y así depender sólo del espíritu

Pasos que conducen a la decadencia espiritual
1. Descuido, vigilar y guardar el corazón... Proverbios 4.23
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”

Cuidar el corazón es cuidar la vida misma. El texto no se refiere al órgano físico sino al campo en el que se encuentran los sentimientos, las emociones...
  • Debemos poner todo nuestro empeño primeramente en cuidar el corazón, porque en el corazón residen todos los principios de la santidad y la maldad.
  • Sólo la obra regenerativa de Cristo restaura el corazón, ahora sólo dependemos de la fe...
  • Antes éramos obstinados, ahora en obediencia hacemos las cosas como se deben, eso lo hace Dios, el problema es que aún quedan residuos en el corazón, residuos que sabemos que están ahí y que nos pueden hacer caer de nuevo (malos pensamientos, malas palabras)
Romanos 8.12
“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne”

Hay que hacer morir las obras - residuos de la carne
Colosenses 3:5
“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría”

Dios ha implantado en nuestro corazón una serie de gracias, pero si nosotros permitimos que los residuos tomen más importancia, esas gracias se perderán, en esa medida dejamos de amar a Dios, en la medida en la que empezamos a amar al pecado dejamos de amar a Dios.

¿Cómo guardar el corazón?
1. Sometiendo toda imaginación, pensamiento y deseo al análisis, al juicio de las sagradas escrituras
El creyente no debe actuar irreflexivamente. Los detalles no convienen a nuestro espíritu.

2 Corintios10.3-5
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;
porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”

Sabemos que no es fácil llevar cautivos los pensamientos a Cristo, pero no podemos descansar de hacerlo, llegará el tiempo en el que esto desaparezca, debemos pelear la batalla.

2. Impedir que la corrupción que reside en el corazón salga a flote y se alimente... De la abundancia del corazón habla la boca.
Proverbios 4.24-27
“Aparta de ti la perversidad de la boca, Y aleja de ti la iniquidad de los labios. Tus ojos miren lo recto, Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante. Examina la senda de tus pies, Y todos tus caminos sean rectos. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda; Aparta tu pie del mal”

Además de cuidar la boca es necesario cuidar los ojos y los pies. Una vida de integridad necesita santidad

3. Orar fervientemente a Dios por purificación y perfección


Abril 24/2016
Enseña: Víctor Osorio
Título: Síntomas de Decadencia Espiritual en el Cristiano
Texto: 2 Pedro 1:10

INTRODUCCIÓN: en la primera parte de este tema, les decía que, al hablar de decadencia o declinación espiritual en un cristiano nos referimos a un creyente verdadero cuya vida espiritual no se encuentra vigorosa y saludable.

La Biblia nos advierte claramente que muchas personas tendrán una evaluación incorrecta de sí mismos, creyendo que son creyentes sin serlo en realidad. Pero también nos advierte que un verdadero cristiano puede pasar por tal declinación que a duras penas podemos distinguir la obra de la gracia de Dios en su vida.


Sí, a veces vemos creyentes que uno dice: “no es la sombra de lo que era, de Dios le queda muy poco” es tal su decadencia espiritual que la obra de gracia de Dios en ese hermano apenas medio se nota. Sin embargo, debes saber lo siguiente: Una vez que somos hechos partícipes de la gracia salvadora de Cristo, es imposible que esa gracia pueda ser totalmente destruida en nosotros. Es verdad que un creyente puede atravesar por un período de tal decadencia espiritual que llegue a tener dudas de la realidad de su fe.


Pero una cosa es el apóstata que durante un tiempo proclama ser creyente, vive externamente como un creyente, y finalmente se aparta; y otra muy distinta es el creyente verdadero que por un tiempo decae en su vida espiritual es por este motivo que el apóstol Pablo nos manda a ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor ( Fil. 2:12.)
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”

Note en el versículo que leímos que, el apóstol Pedro nos hace una exhortación importante en el mismo sentido; la reina Valera dice “tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección” la palabra Dios para todos dice: "Hermanos, Dios los llamó y los escogió. Esfuércense por demostrarlo en su vida, y así nunca caerán,"

El punto aquí es que Dios te llamó y te escogió, la iniciativa es de Dios, pero esa iniciativa de Dios en la salvación no niega la necesidad del esfuerzo humano. El ser humano tiene que responder en obediencia, poniendo por obra las virtudes cristianas, es de esa manera que demuestra y hace firme su vocación y elección.


La palabra que usa el apóstol: “Firme”, es una palabra que proviene del campo legal y denotaba la garantía dada por el vendedor al comprador, pero aquí lleva el sentido de “confirmar” ¿Cuál es la idea? que las obras o las virtudes cristianas no son algo opcional sino esencial en el proceso de la salvación porque son esas virtudes las que confirman que fuiste llamado y escogido por Dios. De hecho, Pedro puede decir, porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Es decir no volverán a sus antiguos pecados.


El creyente da evidencias de su salvación creciendo en las virtudes morales identificadas en los v. 5-8 de este pasaje (nótese particularmente el v. 8). Una persona que no crece en estas virtudes puede recaer en sus antiguos pecados. Pedro no está sugiriendo que la salvación sea por las obras, pero exhorta a los creyentes a vivir de tal manera que su elección se revele como algo absolutamente seguro por la forma como vive.

Ahora escuche atentamente esto: El primer síntoma de decadencia espiritual en un cristiano es la Ausencia de gozo y deleite espiritual: es posible que a los ojos de todo el mundo parece que las cosas están marchando bien; y aún el mismo creyente puede pensar que su vida espiritual está desarrollándose con normalidad, cuando lo cierto es que está comenzando a alejarse del Señor y a declinar espiritualmente.


A la luz de esa realidad, toda persona que profese ser creyente debe conocer cuáles son los síntomas de que ese proceso de decadencia espiritual está comenzando en nosotros. Porque si descubrimos ese proceso en sus inicios será más fácil detenerlo y erradicar el mal.

Este primer estado de decadencia espiritual se caracteriza, no por una declinación marcada en nuestra percepción de la verdad, sino en la ausencia de gozo y deleite espiritual. Este creyente percibe, capta la  verdad, puede incluso definir los puntos principales de su fe, y explicar teológicamente la importancia de tales doctrinas. Pero aun así no está experimentando el gozo y el deleite que deben producir tales doctrinas en el corazón.

Un creyente puede tener la facultad de entender y diferenciar las distintas doctrinas bíblicas, conocer y explicar las doctrinas de a gracia, pero con todo esto no tener fervor en su corazón, aunque conozca muchas verdades, esas verdades no influyen en su vida; las verdades de la palabra son escasamente experimentadas en su vida.


En otras palabras, las verdades de las Escrituras no mantienen su alma confiada, tranquila y gozosa en el Señor. Estos creyentes, cantan junto con todos los demás en el culto acerca de la majestad de Cristo y de su obra redentora.; Con su mente están entendiendo perfectamente el significado de cada una de sus palabras, pero su corazón no reacciona con el gozo y la confianza que esas verdades deberían producir en un verdadero hijo de Dios. Hay ausencia de gozo y deleite espiritual en ese creyente. Es muy difícil que alguien se dé cuenta de que algo no anda bien con ese creyente porque religiosamente él hace lo que hacen los demás.

Octavius Winslow en su libro “La Declinación Personal y el Avivamiento de la Religión en el Alma” dice muy acertadamente que la religión que no se deleita en Dios no es religión verdadera. Si has llegado al punto en que no encuentras deleite en Dios y en Su verdad revelada; aunque conozcas sus verdades, y tu mente siga creyendo en ellas, debes saber que estas comenzando a padecer de decadencia espiritual.


Uno de los aspectos más importantes de la salvación, es vivir siempre con gozo, a pesar de los problemas de la vida. El rey David por su pecado perdió el gozo, por eso lo vemos desesperadamente suplicando a Dios que le devuelva el gozo. (Salmo 51:12)

“Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente”

El pecado nos roba el gozo. El cántico y la sonrisa también desaparecen de nuestra boca, cuando permitimos que la amargura y el desaliento entren a nuestro corazón. Sea cual fuere la razón de la pérdida del  gozo, recuerde que la ausencia prolongada de este es síntoma de decadencia espiritual.


- Otro síntoma de decadencia espiritual es la Pérdida de vigor y actividad de las gracias que cristo implantó en nosotros en la conversión.

Mire 2da Pedro 1:3-4
“Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”

La  palabra de Dios nos enseña aquí que los creyentes hemos sido hecho partícipes de la naturaleza divina. Eso no significa que el creyente se ha convertido en una especie de “dios” en miniatura. Lo que Pedro nos está diciendo aquí es que el cristiano es una persona en quien Dios ha implantado aquellas características divinas que son las que conforman la vida de piedad o de santidad, que no es otra cosa que una vida de reverencia y consagración a Dios.


El versículo 4 nos dice algo sumamente maravilloso, que los cristianos hemos recibido preciosas y grandísimas promesas (timios   y Megistos de gran precio, costoso, precioso, de gran honor y valor, mejistos es mega, colosales) dice que nos fueron dadas mediante conocer o venir a Cristo. Por eso, las promesas de Cristo no son solo promesas, son promesas con un enorme respaldo.

El cristiano no es simplemente una persona a quien se le han perdonado sus pecados y nada más. El apóstol dice en este texto que todas las cosas que pertenecen a la vida de piedad han sido implantadas en el alma de ese creyente. Por consiguiente, el verdadero cristiano está llamado a manifestar esas características de piedad en un grado o en otro. Es a esas características que llamamos: “las gracias espirituales del alma”.

Cuando el creyente está creciendo y desarrollando su vida espiritual, esas gracias se encuentran vigorosas y activas. Y podemos ver en él ese fruto del Espíritu que Pablo describe en Gal 5:22-23

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”

No de forma perfecta, pero sí de una manera estable y sostenida, Pero tan pronto entramos en un período de decadencia espiritual esas gracias se debilitan, y disminuye su vigor y su actividad en nosotros.

¿En qué momento sucede esto? Cuando entramos en el horno de la aflicción. Un creyente que está atravesando por un período de decadencia no está preparado para resistir los embates de vivir en un mundo caído.

¿Por qué muchos creyentes reaccionan con amargura y resentimiento ante las ofensas de los demás? Porque las gracias de la humildad y de la mansedumbre se encuentran terriblemente debilitadas.

Por eso Pablo nos exhorta a fortalecernos en el Señor y vestirnos de toda la armadura espiritual antes de que llegue el día malo (Efesios 6:10:13)
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”

Nadie puede prepararse para la guerra en medio del campo de batalla.

Mire hermano, es en las dificultades donde podemos ver la realidad de lo que profesamos. Un creyente en decadencia verá en medio de la prueba la verdadera condición de su alma. La prueba misma puede ser el instrumento que Dios use para mostrarte en que condición espiritual te hayas.

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