En el inmenso universo se declara paz, se declara
amor, se declara estabilidad; sin embargo, las razones de nuestra
individualidad no han permitido que todo ese potencial sea demostrado con
agrado, es por esto, que los sueños y los anhelos más grandes del ser humano
claudican muchas veces en el intento, la falta de perseverancia en los buenos
hábitos se pierde por razones equivocadas, decisiones que han marcado el
verdadero YO.
Sin duda alguna, hablar de valores, en nuestro mundo
se hace complicado, aquí donde cada quien busca su beneficio sin importarle el
otro, donde la ciencia y la sociología difieren en conceptos humanos para
sentar su posición e imponerla como estatuto. Hoy pienso en quienes alguna vez
decidieron ser obstinados, estas personas que no desfallecieron en el intento,
estas grandes personas de carácter inquebrantable, que ante las duras batallas
siempre se mostraban ganadores; que tal si tomamos al Apóstol Pablo como
ejemplo, este hombre decidido en sus dos camino, tanto para perseguir a los
cristianos como enseñar la palabra y motivar, dos rumbos completamente
diferentes, llenos de convicción y determinación, que bueno aprender de este
gran hombre que en su búsqueda halló la gracia y el favor de Jesús para
encaminar sus pasos, dejando huella al andar, pisando donde pisaba el maestro,
un hombre que en plenitud brillaba por su obstinación dirigida por el
maestro... Sé que todos queremos ser como este hombre y para esto, pues, no veo
otro camino que Jesús, Jesús el que caminaba al lado de ricos y pobres, Jesús
el que aceptaba a niños y a ancianos, Jesús el que sanaba y reprendía, Jesús el
hombre que en valores y principios nunca negoció la esencia dada por el
Padre...
Ahora preguntémonos ¿Qué estamos dispuestos a dar
para cambiar?

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