¿Qué estamos dispuestos a dar para cambiar?


Hoy quiero que me escuches...

En el inmenso universo se declara paz, se declara amor, se declara estabilidad; sin embargo, las razones de nuestra individualidad no han permitido que todo ese potencial sea demostrado con agrado, es por esto, que los sueños y los anhelos más grandes del ser humano claudican muchas veces en el intento, la falta de perseverancia en los buenos hábitos se pierde por razones equivocadas, decisiones que han marcado el verdadero YO.


Sin duda alguna, hablar de valores, en nuestro mundo se hace complicado, aquí donde cada quien busca su beneficio sin importarle el otro, donde la ciencia y la sociología difieren en conceptos humanos para sentar su posición e imponerla como estatuto. Hoy pienso en quienes alguna vez decidieron ser obstinados, estas personas que no desfallecieron en el intento, estas grandes personas de carácter inquebrantable, que ante las duras batallas siempre se mostraban ganadores; que tal si tomamos al Apóstol Pablo como ejemplo, este hombre decidido en sus dos camino, tanto para perseguir a los cristianos como enseñar la palabra y motivar, dos rumbos completamente diferentes, llenos de convicción y determinación, que bueno aprender de este gran hombre que en su búsqueda halló la gracia y el favor de Jesús para encaminar sus pasos, dejando huella al andar, pisando donde pisaba el maestro, un hombre que en plenitud brillaba por su obstinación dirigida por el maestro... Sé que todos queremos ser como este hombre y para esto, pues, no veo otro camino que Jesús, Jesús el que caminaba al lado de ricos y pobres, Jesús el que aceptaba a niños y a ancianos, Jesús el que sanaba y reprendía, Jesús el hombre que en valores y principios nunca negoció la esencia dada por el Padre...

Ahora preguntémonos ¿Qué estamos dispuestos a dar para cambiar?

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