Los griegos cuentan de un soldado enfermo que en tiempos de
Antígono se destacó mucho en la guerra. Era siempre el primero en la batalla,
valiente entre valientes. La razón de ello era que sufría tanto por motivo de
una enfermedad, que luchaba en la guerra con el fin de olvidarla. Sabía que
tenía poco tiempo de vida, así que no temía a la muerte.
Antígono, gran admirador de este valiente soldado, al
enterarse de su enfermedad, lo hizo
curar por uno de los más eminentes médicos de Grecia pero, desde ese día, ya no
apareció más el guerrero en el frente de batalla. El antes valiente y destacado
soldado buscaba comodidades y descanso, pues, como lo expresó a sus camaradas, habiendo
recobrado la salud, deseaba vivir para gozarse de ella y no estaba dispuesto a
arriesgar su vida.
Lo mismo sucede con muchos de nosotros que durante el tiempo
de pruebas estamos comprometidos, valientes, trabajando y dando lo mejor de
nuestras vidas para Dios, pero cuando nuestras oraciones son respondidas o
llegan los momentos de calma, decidimos disfrutar de la vida y dejamos de lado
todos nuestros compromisos.
Si bien a nadie le gusta enfrentar problemas, hay que reconocer
que pueden ser la mejor motivación para mantenernos cerca de Dios y buscarlo de
todo corazón. Cuando tenemos todo en contra y ya no tenemos nada que perder es
cuando nuestra búsqueda de Dios se hace más sincera e incesante.
Quizás muchas veces los problemas parecen eternos y la
respuesta de Dios no es inmediata porque si quitara de nuestras vidas todas
aquellas cosas que nos preocupan,
inquietan y duelen daríamos un paso al costado, alejándonos de Dios y perdiendo
nuestra vida.
“Cada vez él me dijo:
«Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así
que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo
pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y
en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por
Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte”. 2 Corintios 12: 9,10
(NTV)
Vive cada día como si no tuvieras nada que perder, dando lo
mejor de ti, gozándote tanto en las pruebas como en los tiempos de paz,
sabiendo que todo nos ayuda a ser mejores y nos acerca a lo que Dios quiere que
seamos. No temas ni te desanimes, recuerda que en Él está nuestra fortaleza.
Ana María Frege Issa
CVCLAVOZ
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